Somos la marca de aritos que no da alergia, que no se oxidan, y que te dejás siempre puestos. La que descubriste y de repente pasó a ser parte de tu día a día. La que empezó de boca en boca (pero nunca paró).
Todo empezó en 2015, cuando Nicki se hizo un collar — sin plan, y sin marca. Sus amigas lo vieron, lo quisieron, y sin pensarlo... Fichí empezó a existir: un Instagram recién creado, cero cultura de ecommerce en Argentina, y pedidos que se entregaban en los pasillos de la facultad.
En la mesa de su casa, hasta cualquier hora, Nicki y su mamá armaban cada joyita y empaquetaban cada pedido. Sostuvieron algo que crecía más rápido de lo que hubieran imaginado.
De esa misma casa — donde los showrooms en el jardín eran un éxito — llegamos a Fichí Studios, nuestro primer local. Nos quedó chico. Entonces creamos House of Fichí.
Empezamos siendo Nicki Fichí. Hoy somos Fichí. Sin franquicias, y atendida por sus dueñas.
Sólo Fichí, para siempre.
